Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900

Edwin Espinal

Historia social de Santiago de los Caballeros 1863-1900

Edwin Espinal
Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900

Reseña de la obra

Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900 evalúa en qué medida el incendio de 1863 y la modernización capitalista incidieron en las transformaciones vitales que se verificaron en esta singular ciudad caribeña hasta el final del siglo XIX. Santiago fue diferente a partir de la catástrofe restauradora, al tiempo que su cambiante devenir también encontró fundamento en el significativo crecimiento de la economía de exportación y los avances manifiestos en materia de comunicaciones. Al considerar las diferentes facetas de cambio, la obra plantea siete objetivos específicos, que se corresponden con igual número de capítulos: estudiar las transformaciones urbanas de la ciudad, exponer su estructura económica; conocer la incidencia de los inmigrantes en la construcción de su perfil multicultural; describir su dinámica social a partir de variadas actividades; reconocer el quehacer educativo, cultural, asociativo y periodístico; indagar sobre el estado de los medios de comunicación e individualizar los servicios públicos con que contaba la ciudad. Hasta su aparición, no se había emprendido una investigación analítica con tal dimensión sobre la etapa que cubre acerca de la historia de la ciudad. A partir de nuevas fuentes, ofrece una visión integral del acontecer de un período no abordado con carácter de completitud.

Edwin Espinal

Edwin Espinal Hernández, abogado y notario público en ejercicio, es Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, con Maestría en Procedimiento Civil y Postgrado en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social por la misma universidad y Curso de Postgrado en Derecho de Autor y Derechos Conexos por la Universidad de Buenos Aires. Entre 2002 y 2004 fue director de la Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA). En el área académica, es profesor de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra desde 2007. 

Comparte el ejercicio de su profesión con un intenso activismo cultural. Es autor de trece obras en los ámbitos de la historia, el derecho y la genealogía. Ha obtenido el Premio Nacional de la Juventud (2001), el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes por su obra Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900 (2006) y el Premio Anual de Historia «José Gabriel García» por su obra Historia social de Santiago de los Caballeros, 1900-1916 (2020). Es además miembro correspondiente del Instituto Duartiano, miembro de número del Instituto Dominicano de Genealogía y miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia.

Edwin Espinal

Desde mucho antes del siglo XIX, Santiago forjó un amplio mercado regional sobre la base del cultivo del tabaco, constituyéndose en la receptora de la producción de los pueblos más pequeños y centro para su manejo y traslado antes de su exportación por los puertos de Puerto Plata y Sánchez. Posicionada como eje de redes comerciales, Santiago centralizó las actividades de las diferentes subregiones que le rodeaban. Es dentro de este contexto que su condición de ciudad más dinámica del Cibao se verá perturbada por su incendio durante la Guerra de la Restauración, circunstancia esta que tendría un persistente influjo en su posterior desarrollo.

El medio construido surgido a raíz del incendio sintetizó la incidencia de factores políticos, económicos, sociales y culturales experimentados en grados diferentes por el grupo humano que lo hizo posible. Lo político, lo económico, lo social y lo cultural se influyeron mutuamente a través de relaciones recíprocas, predominando uno sobre los otros en determinados momentos, pero forjando a fin de cuentas la construcción social del espacio santiaguero a través del tiempo. La ciudad fue un «producto global», un conjunto apropiado por las prácticas económicas, transformado por las prácticas políticas y constituida en significación por las prácticas culturales e ideológicas.

Fotografías

Sobre el Universo creativo de los ganadores del Premio Nacional Feria del Libro ELJ

1997-2022

I.- SOBRE EL COLECCIONISMO

¿Cuántos volúmenes de libros atesora usted en su biblioteca personal?

No los he contado, pero sobrepasan los 500. Es una biblioteca pequeña, pues no dispongo de suficiente espacio, amén de que mi familia, aunque mis hijos gustan de la lectura, se oponen a que atiborre la casa de libros, al punto de que, hace unos años, tuve que desprenderme de una parte de mi biblioteca y donarla a la biblioteca de la PUCMM. Ciertamente, eran demasiados y no creo que tuviera vida para leerlos todos, ni siquiera preso. Es pues, una biblioteca con textos esenciales.

¿Cuál es el libro más antiguo que posee, y cuándo adquirió su primer libro? ¿Cuál es el libro que definiría como su mayor tesoro, sea porque es una primera edición difícil de encontrar o por ser un libro raro?

Conservo una edición original de “La República Dominicana”, de Enrique Deschamps, de 1907. Es mi mayor tesoro. El primer libro, que resguardé de los sucesivos cambios escolares, fue una edición para niños de “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván.

¿Cuál ha sido el último libro que adquirido? ¿Hubo algún motivo especial para la compra del mismo?

Soñemos juntos, traducción al español de We Dream Together: Dominican Independence, Haiti, and the Fight for Freedom (Duke University Press, 2016), de la historiadora estadounidense Anne Eller. Me interesó por su particular visión sobre la guerra de la Restauración, un período sobre el cual he realizado varias investigaciones.

¿Cuál es el libro que le falta por leer?

Los miserables, de Víctor Hugo.

¿Cuál es el libro de otro autor que le hubiera gustado escribir?

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

¿Algún consejo dado a usted por otro autor?

¿Puede hablarnos de algunas correcciones manuscritas realizadas por usted, a un libro de su autoría o de otro autor?

Asumo con dedicación las correcciones que otros autores me requieren y siempre han sido bien recibidas. Las hago como si fuesen para mis propios textos. No tengo compasión con los errores, ya sean de forma o de fondo.

¿Algún libro subrayado y anotado por usted que volvería a releer?

Volvería sobre varios: El príncipe, de Maquiavelo; Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez y Frankenstein, de Mary Shelley.

¿Algún olor predilecto a tinta o no, que se desprende de las páginas de los libros que es de su agrado?

Nunca me he detenido en los olores que resguardan. Un amigo los disfruta con éxtasis, pero a la verdad no he reparado en esa característica.

¿Desde cuándo tiene tendencia, o, pasión al coleccionismo de libros, manuscritos, etc.?

La atracción por los libros la registro en mi memoria a los diez años: el libro que más atrajo en quinto de primaria, apenas comprado y aun antes de iniciar las clases, fue el de historia. Más adelante, con trece años, una visita al Archivo Histórico de Santiago, sería el verdadero punto de partida de esa afición.

¿Cuántas primeras ediciones de sus autores favoritos usted tiene en su biblioteca personal?

II. SOBRE SUS MEMORIAS

¿Sus memorias o autobiografía: las ha escrito o ya ha decidido escribirlas?

A la verdad no he pensado en hacerlo. Si tengo recopilados todos mis escritos y los textos referidos a mi persona desde que escribí mi primer artículo a los 15 años. Pueden servir de base para ese proyecto, si decido emprenderlo.

¿Tiene usted algún fetiche (libro inspirador u objeto de buena suerte) al cual acude antes de escribir o cuando va a emprender algún viaje? ¿Viaja usted con algún objeto imprescindible, que le acompaña a todos los lugares?

Siempre que no voy manejando me llevo libros o cualquier otro material de lectura, en particular aquellos que puedo completar en el trayecto o en aquellos momentos de ocio en el lugar de destino.

¿Cuál es la fotografía sobre la historia de su vida que más ama o le trae alguna reminiscencia o añoranza inolvidable (personal o familiar)?

Aparezco de meses en una foto sosteniendo en la boca la cuchara con la que mi mamá me daba una compota. Siempre me ha gustado y la encuentro muy graciosa, pues me hace recordar la casa donde viví cuando niño.

¿A quién reconoce o atribuye usted ser su maestro o maestra literario?

No podría reconocer a alguno en particular. La afición por la lectura me llevó a recibir más de una influencia y a construir un universo de escuelas multivariado.

¿Cuál es la Carta más importante que usted considera ha recibido?

¿Cuál es la Carta más importante que usted ha remitido (personal o no)?

¿Le agrada, aún, escribir cartas o solo hace epistolario virtual a través de correos electrónicos? La tecnología las sobrepasó como forma de comunicación y el correo electrónico las sustituyó.

Solo quedan en los recuerdos.

III. SOBRE EL PROCESO DE LA ESCRITURA.

¿Cuáles autores han ejercido una influencia significativa en su obra y en su carrera?

Frank Moya Pons, Roberto Cassá y Harry Hoetink.

Puede relatarnos cómo fue la génesis o el proceso de escritura/gestación del libro con el cual usted resultado ganador/a del Premio ELJ? ¿Una investigación, escritura por largos meses, plan para su desarrollo? ¿Dónde la escribió?

En noviembre de 1999, Gustavo Tavares Espaillat nos contactó en el interés de motivarnos a escribir un perfil biográfico de su abuelo Enrique J. Espaillat Julia (1872-1934), al considerarlo una figura de valores resaltantes dentro de la élite empresarial que motorizó cambios en la estructura económica de Santiago de los Caballeros en los decenios iniciales del siglo XX. Al tiempo de abordar las facetas de la vida de su ascendiente, don Gustavo nos requería desentrañar “cómo era Santiago” en la época en que vivió el personaje en cuestión.
Un primer rastreo en las fuentes documentales consideradas evidenció, de un lado, la escasez de materiales sobre nuestro protagonista y, por otro, un riquísimo filón de informaciones sobre el espacio temporal en que aquel desarrolló su existencia. Vista esta situación y con el beneplácito de don Gustavo, decidimos dar una nueva orientación a su propuesta y realizar un estudio sobre la realidad del Santiago de entonces, enmarcada dentro de sus circunstanciales urbanas, económicas, poblacionales, educativas, culturales y comunicacionales, al modo de “El pueblo dominicano: 1850-1900”, de Harry Hoetink, a quien tuve el gusto de conocer personalmente por intermedio de don Gustavo cuando iniciaba mi investigación.

La imposibilidad de descuidar mis quehaceres profesionales, el desarrollo paralelo de otras investigaciones históricas en 2000 y 2001 y el desempeño como director de la Oficina Nacional de Derecho de Autor entre 2002 y 2004, me impuso reconsiderar en 2002 el período de análisis establecido, pasando de 1870-1930 a 1863-1900. Y es que si bien 1870 representa el inicio de la era del capitalismo en República Dominicana, 1863 marca una ruptura en el devenir de Santiago, con el incendio de la población como producto del enfrentamiento de los ejércitos dominicano y español en la Guerra de la Restauración, siniestro que acarreó toda clase de calamidades a sus habitantes, poniendo a prueba su firme determinación de reponerse a sus consecuencias.
La prensa de la época, conservada en la hemeroteca del Ateneo Amantes de la Luz; los boletines del ayuntamiento de Santiago, depositados en el Archivo Histórico y los protocolos notariales de los bufetes Reinoso, Rodríguez y Álvarez, en Santiago, sirvieron como soporte fundamental al propósito de dar respuesta al plan analítico considerado. Localicé más de un centenar de fotografías para acompañar el texto – la mayoría no publicadas hasta entonces – en el Archivo Histórico de Santiago, el Centro Cultural Eduardo León Jimenes y en la colección de la señora Julia Amelia Cabral Tavares de Thomén, quienes cedieron gustosamente sus originales para su reproducción. La investigación y redacción tomaron cinco años.

¿Tiene algún [] de recogimiento al cual es habitué o se aparte del mundanal ruido para escribir?

Necesariamente tengo que apartarme del ruido; no me permite escribir y menos leer. Son dos tareas que me toman mucho tiempo y necesito concentración.

Puede describirnos su gabinete de trabajo/Habitación propia, el ambiente que hace propicio para escribir/leer. ¿Alguna escultura, obra visual, pintura, fotografía imprescindible en ese espacio suyo?

Siempre escojo lugares aislados, con buena luz y ventilación y sin ruidos, en la medida de lo posible. Para la lectura, un lápiz para marcar párrafos u oraciones llamativas; para escribir, antes de digitar suelo usar hojas para manuscribir alguno que otro trabajo, aunque otras veces me adentro directamente en el computador.

¿Cuál es el punto geográfico que más le atrae, y al cual volvería?

Me repartiría entre varios: Buenos Aires, Madrid, La Habana…son ciudades que no se disfrutan y aprecian en poco tiempo.

Tiene, para el CUESTIONARIO «EDUARDO LEÓN JIMENES» alguna anécdota o historia inédita de su vida que contar.

Mi primer encuentro con la historia y el derecho. Un profesor en octavo curso repetía en clase que el nombre de la calle principal de Santiago era “El Sol”; yo lo corregí, diciéndole que era “Del Sol”. Viniendo de un niño y ante toda la clase, aquello fue una provocación. Exaltado me dijo: “¡Tráigame la prueba!”. Al día siguiente me la reclamó y de un cuaderno saqué el plano de la ciudad de 1863, donde se leía claramente “calle Del Sol”. Convencido de la realidad, no tuvo más que reconocer su error.

¿Tiene algún acertijo de la escritura que descifrar? ¿Alguna técnica enseñada por algún otro autor/maestro a usted?

Cuidar los signos de puntuación y la sintaxis, valerse de palabras sinónimas y salvar el uso de gerundios cuando no corresponda fueron técnicas que aprendí con Apolinar Núñez, exprofesor de la PUCMM, cuando era director del periódico La Información, de Santiago, y quien me “reclutó” para darle forma a determinados editoriales. Veía sus correcciones como algo incómodo, pero luego me di cuenta de su gran valor.

¿Cuáles son las claves secretas de su escritura?

Dejar “reposar” un texto y solo darlo por concluido después de nuevas lecturas, al tiempo de leerlo en voz alta.

¿A cuáles hora del día, la mañana, la noche o la madrugada gusta usted de escribir? ¿Alguna música inspiradora al momento de escribir?

Las horas de la mañana son las mejores para redactar, aunque también puedo aprovechar las de la tarde o la noche, según sea el silencio que me acompañe. No me valgo de la música para inspirarme; el silencio me ayuda mucho más, ese que solo interrumpen los grillos o las chicharras o la oquedad del vacío.